CARACOL Y CHAMPIÑÓN (contra el acoso escolar)

—Caracol, col, col, saca tus cuernos al sol, que tu padre y tu madre ya los sacaron. —Cantaba con alegría la luna llena.—

—¡Calla!—Grita nervioso Caracol.

—No cantes esa canción por favor me da miedo su sonido.

La melodía siempre se escuchaba detrás de su concha de color amarillo mientras esperaba junto a un diente de león, a que los compañeros del colegio no se rieran más de sus grandes y anaranjadas pecas. El amarillo es su preferido, era feliz cuando pensaba en un sol amarillo, casi siempre intentaba oler, sentir, tocar e incluso ver todo en amarillo. Era amarilla la hierba de color verde esperanza y amarillo el cielo azul cielo. Cuando estaba triste no podía ni siquiera imaginar el precioso color que tanto amaba, su mundo se volvía negro y la oscuridad era más oscura.

—Estoy llorando otra vez sin darme casi cuenta.
Los viernes se acababa el colegio y las trescientas anaranjadas pecas desaparecían del pensamiento.
Babas es una babosa del cole, está en primero de la E.S.O, lleva las gafas más grandes del universo; el pobrecito también lo está pasando muy mal; su foto había aparecido en la puerta del baño de las chicas, le habían pintado las grandes y anaranjadas pecas de nuestro triste protagonista, ¡si!, esas mismas pecas de color naranja estaban en la frente de Babas.

No quiero decirles nada a mamá y a papá, se preocuparán. Disimulo, hago como que vuelvo a casa contento, meriendo, leo mis cuentos favoritos, siempre buscando héroes que ayudan a otros caracoles que son infelices como yo. — Pensabas el pequeño Caracol.

Los sábados estoy bien, muy bien. Los domingos estás esperando a que sea lunes, y ése primer día de la semana el miedo vuelve a chillar en el oído como una sirena de ambulancia.

He vuelto a ver a Babas, un cangrejo le había arrancado de su boca la manzana del desayuno, y no se sabe quién le ha pintado el cuerpo con un rotulador de color verde fosforito.

—Perdóname caracol, no sabía de tu sufrimiento, leo en las arrugas de tu concha que eres un pequeño triste. — Se disculpa la luna.

El Martes ha llovido mucho y se ha mojado enterito nuestro héroe. Ha tropezado con la papelera cayéndose al suelo, por eso se han reído todos, no ha podido levantarse y se han vuelto a reír una y otra vez; ha llorado mil veces pero como estaba mojado de la lluvia no se ha notado nada. Las nubes están tristes por eso el cielo también llora mil veces o más.

El miércoles, Caracol no tenía casi fuerzas para hablar, no se ha atrevido a contestar a las preguntas del profesor, le daba vergüenza que se rieran de su voz de silbato.

—¿Es verdad que tengo voz de silbato?

—No es cierto, tienes una voz muy bonita. — Dice un niño pelirrojo.

El jueves, nunca debió existir al principio, luego empezó a existir un poco, y al final existió muchísimo; Caracol tiene un amigo que le ha hablado en el patio. Champiñón es un monstruo monstruoso muy estudioso.

—¿Por qué lloras Caracol?

—Toma una galleta de chocolate blanco. —Dice Champiñón.

El viernes ha salido un sol muy grande, amarillo alegre y brillante, mi nuevo amigo Champiñón, ha explicado a los abusones del colegio que reírse de los demás es muy malo, es algo horrible.

—No le hagas a los demás, lo que no te gustaría que te hicieran a ti. —Dice el gigante.

Todo el universo del patio respeta a nuestro monstruo monstruoso y estudioso, él es muy bueno, ayuda a que me sienta un caracol más seguro con mis grandes pecas; un día quise pintarlas de amarillo pero ahora ya me gustan anaranjadas; a Babas, nuestro nuevo gran compañero también le ha dado una galleta de chocolate blanco.

Nunca te rías de nadie y no seas un abusón.
Gracias de todo corazón Champiñón.