Corazones asesinados

In memoriam a las víctimas del atentado de La Rambla de Barcelona.

Recuerdo una calle alegre que pintaba mil corazones de colores. Canal adoquinado que flanqueado por millones de flores, fusilaba con una luz intensa a los trasnochadores.

A las cuatro de la tarde, cien divertidas suelas de zapato buscan un lugar donde asomarse al mar, caminando por «La Rambla» hacia el puerto de Barcelona. Traqueteo de paseantes que ríen, cantan, se paran, un niño llora en una esquina.

Las lunas de verano huelen a sonidos de caracola. ¿Oyes los colores del mar al final de La Rambla?. Yo nunca he visto una flor fea en ese lugar.

El cielo sorprende a tres amores abrazados, y preocupado se ha dormido el sol, autor confeso del calentamiento ayer, de varios corazones que hoy caminan por un laberinto de desamores. Así es la vida.

Escuchar a las personas que se atreven a contar verdades a sus propios sentimientos. Rizos de sensaciones que se enfadan entre si, y se emborrachan añorando lo que pudo haber sido y no fue.

Pernoctan las respiraciones en las entrelazadas venas de «La Rambla». Declaraciones a viva voz de testigos de las medias palabras, personas que aprenden a conjugar los verbos querer, y amar.

Pequeño espacio de vida, bonitas vidas e inocentes, que ya no fueron a partir de ese momento vidas. A las cinco de la tarde, quince pequeños y grandes pensamientos dejaron su último mensaje en el suelo, pisoteados, ensangrentados, desvencijados, acuchillados.

Corazones obligados a morir, habiendo dejado sueños sin cuerpo. Un mes, agosto, y un día, el diecisiete, robados para siempre del calendario.

No habrá descanso para los asesinos, vivos o muertos.