De Barcelona al norte

Se ha desatado el ODIO, he dormido mal. Saca la pistola, móntala una y otra vez para que se escapen los cartuchos por el lateral, quince veces, y se quedará ese hierro negro recién pavonado con la boca del infierno abierta.

Suplica más balas, ya no quedan, míralas esparcidas por el suelo. Rompes la normalidad, dibujas la anormalidad, despellejas el aliento, para sentarte cansado en el suelo, rebuscar en el fango de los pensamientos, las penas, y los dolores de estas venas de aquí, si, las de tu garganta, ¿se pueden romper?, y se desata de nuevo el ODIO, no es ODIO es MIEDO.

¿Miedo?, tienes miedo a pudrirte, a matar, terror a subirte al tejado y no ser capaz de controlar un ODIO que no es ODIO, es miedo a la vida, pero a la muerte no.

La mala suerte sabe a hiel, puedo nacer en otro momento, o lugar, te explicaré lo que tienes que hacer cuando vengan a matarte.

Se está encapotando el cielo del cuartel, se esconden esos que te rompen el corazón con un coche bomba, se escapan corriendo por la muga, el monte, la nada.

Buscados en Urnieta, también en Oyarzun, dormían los cobardes, son las tres de la mañana, ¿duermen?, pueden dormir después de asesinar, nos miran de reojo, hacen cenefas con sus necesidades, lloran y vuelven a lloran sin parar.

Fuimos piedras lanzadas contra una pared pintada con letras de escombro, subfusil, una capucha y una puta soga.