El árbol de las pesadillas

Una ingente multitud de caminantes deambulaba por la plaza de La Alameda de esa villa. Los pómulos profundamente marcados y el color ceniza de sus rostros alejaba cualquier resquicio de ser humano que pudiera quedar.

En la década de los años 90, el destino era un lugar en la Ría de Arosa, uno de los vértices de un triángulo llamado muerte.

La heroína en todas sus variantes de consumo cabalgaba por las calle como caballo desbocado. Las jeringuillas tiradas por las esquinas reflejaban la decadencia del hombre, dibujando margaritas de muerte desangrándose con los restos de ponzoña.

Empezando la vida machacabas analgésicos y los mezclabas con agua recogida de un charco, puede que llegáramos a tiempo, nos diste las gracias.

Cuando el veneno era puro los portales se llenaban de muerte.

Una generación se perdió.